Aunque haya rigor, la falta de sensibilidad con las víctimas ensombrece la profesión periodística (20/04/2018 por Pedro J. Rabadán)

La banda terrorista ETA ha hecho público un comunicado que sirve de preludio al ansiado anuncio de su disolución, previsto para el mes de mayo. Hasta ahora, nunca habían pedido “perdón por el daño causado durante su trayectoria armada” y se responsabilizan de haber creado un “sufrimiento desmedido” que “no debió haberse producido jamás”.

 

Ciertamente, estamos ante un comunicado importante, histórico si me apuran. Así ha quedado reflejado este viernes en todas las portadas de los periódicos. Ha sido la noticia más destacada también en prácticamente todos los telediarios, salvo en alguna cadena que ha optado por otros contenidos políticos más locales reduciendo a ETA a la quinta o sexta noticia en orden de importancia.

 

En todos los titulares había cierta coincidencia al destacar la relevancia del anuncio. Pero el Periodismo que no se limita a la mera transcripción de un comunicado, se ha percatado al instante de la trampa que ni tan siquiera ha intentado esconder la banda terrorista. Sólo pide perdón a las víctimas que no estuvieron relacionadas “directamente” con lo que llaman el conflicto vasco. Es decir, no se arrepienten de los asesinatos de miembros de Fuerzas de Seguridad, Ejército, partidos políticos, jueces, empresarios o funcionarios. Es aquí, en la manera de contar esta parte de la noticia, donde se puede percibir de un modo cristalino la bajeza y la enorme falta de sensibilidad periodística con aquellas personas que perdieron a algún familiar por culpa de estos asesinos. Pero, ¿cómo se hace esto?

 

En primer lugar, obviando este dato. La información de que hay un comunicado en el que se pide perdón ocultando que sólo lo hace a algunas de las víctimas es robar al destinatario de la noticia una parte esencial para su correcta comprensión. Los motivos para este silencio interesado y humillante radican en la primacía de intereses ideológicos por encima de la necesaria sensibilidad hacia un colectivo sufriente que no se merece este tratamiento. Cuando se prima un interés partidista incluso por encima del dolor de tantas personas, se demuestra lo peor de una profesión que en ocasiones, quizás con cierta frecuencia, pierde su sentido de servicio público para convertirse en un aparato al servicio de algunos para llegar al público. He podido leer en varios digitales, en sus portadas, la noticia de ETA sin encontrar alusión alguna a las víctimas del terrorismo, negándoles la voz, ignorando sus reacciones y olvidando la sucia división que el propio comunicado hace de los que aún hoy padecen el dolor por esa vida cercana y querida que les arrebataron injustamente.

 

En segundo lugar, se hace minimizando la repercusión de las víctimas del terrorismo. Lo descrito en el párrafo anterior es una práctica tan descarada que elimina el rigor de la noticia. Por eso hay cadenas de televisión que han preferido contarlo, aunque a su manera, y han escogido dar voz a las víctimas pero arrinconándolas a un plano marginal que no se corresponde con la importancia social y hasta de justicia que les otorga una alusión tan directa de la banda terrorista. ETA ha asesinado a 829 personas. Cada una de ellas, con varios familiares directos que conviven con su pérdida. Ellos, representados en diferentes asociaciones, son hoy los que tienen –por sensibilidad- que valorar ese comunicado, sin que ello suponga quitar las reacciones políticas. Éstas sí han tenido amplia repercusión, sin discusión alguna.

 

En lenguaje que se emplea también puede ser malintencionado. Cuando se dice, como se ha pronunciado en alguna entradilla, que “ETA pide perdón con matices”, lo que se ha buscado es un eufemismo para esconder la diferenciación de las víctimas por la banda, al tiempo que el medio o el periodista se garantiza un salvoconducto por si alguien pudiera acusarles de esconder una intencionalidad en el texto. La elección de palabras así no es casual, están medidas para mantener como el argumento más destacado de la noticia el histórico comunicado sin que la realidad y la bajeza que muestra la banda en su anuncio ensucie lo que venden como una gran noticia.

 

Me atrevo a asegurar que en los casos descritos se esconde una mezquina interpretación de estos colectivos de víctimas como grupos políticos, o formaciones satélites de partidos ideológicamente adversarios de los medios de comunicación que emiten la noticia. Es una realidad que durante años, las asociaciones de víctimas formaron parte de la disputa política, principalmente durante la negociación del gobierno de Zapatero con la banda. Se catalogaron a los grupos como víctimas de derechas o víctimas de izquierdas. Posiblemente, algunos grupos de víctimas, o sus líderes, confundieron su papel representativo con el de un líder político. Pero esos tiempos pasaron hace mucho. Que desde algunos medios, los periodistas sigan condicionando la presencia de las víctimas del terrorismo a una supuesta tendencia ideológica de esas personas, es absolutamente mezquino.

 

El que escribe ha informado de algunos atentados. Ha estado con un micrófono en el lugar donde ha estallado alguna bomba. Donde la metralla ha sesgado vidas inocentes. Ha visto familiares desconsolados con un dolor desgarrador. Olvidar ese sufrimiento es lo más insensible que puede hacer un periodista. Tratar una noticia de ETA, en el que encima hablan de las víctimas, como si fuera un informe económico o una nota de prensa de un partido político demuestra cómo se puede errar de lleno en la función del periodista.

 

Las víctimas siempre han repetido un eslogan, que es más que un lema, es una petición a la sociedad: memoria, dignidad y Justicia. Ésta última, se la dejamos a los jueces. Pero no concibo nuestra profesión dejando a un lado la memoria y la dignidad. No hacer el suficiente caso a esta noticia o esconder a las víctimas, es un ejercicio de desmemoria –pretendido o no- que contribuye a que las muertes, a que las vidas robadas, a que las personas heridas y mutiladas, a que sus sacrificios y su dolor, no hayan servido para nada. Así se sienten las víctimas, por la falta de sensibilidad periodística. Ocultar y no denunciar que ETA no reconoce como víctimas a militares, jueces o políticos, ente otros, es contribuir al blanqueamiento de la siniestra historia de la banda y quitar la dignidad a los que se merecen todo nuestro apoyo y cariño. Es indigno.

 

Sin rigor no hay noticia, porque carece de la verdad, imprescindible para poder catalogar un hecho como noticioso. Pero sí puede haber noticia sin sensibilidad. Cada vez más. Por eso reivindico un Periodismo al servicio del hombre, y eso pasa necesariamente por pensar en el ser humano como personas con sentimientos y anhelos, cada uno con sus circunstancias, a los que el periodista sirve comunicándole la verdad de unos hechos pero desde un punto de vista humanista y cercano, evitando caer en otras intenciones poco honestas que acechan al informador. Sin sensibilidad, no hay comunicación pensada en el hombre.

Día 20 de abril de 2018.

Escrito por: Pedro J. Rabadán

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