COMPROMISO CON LA POLÍTICA: Periodismo y democracia (04/11/2017 por Victoria Lafora)

Uno de los relatos mejor construidos y más dañinos que ha manejado el independentismo catalán ha sido el de  poner sistemáticamente  en cuestión el Estado social, democrático y de Derecho que conquistamos los españoles tras la larga dictadura franquista. Desde la figura de un  Estado “opresor” y “ladrón”, hasta el cuestionamiento de la legalidad constitucional,  se ha trasmitido  un mensaje a la sociedad catalana e internacional con el que  justificar la declaración de independencia.

En Cataluña se le ha vendido una imagen épica del “proces” que,  convenientemente alentada por los medios públicos, subvencionados por la Generalitat, y la prensa afín,  ha conseguido movilizar a miles de personas,  convencidas de que viajaban hacia una Arcadia feliz.

Un conflicto de semejantes proporciones pone de manifiesto la relevancia fundamental de los medios de comunicación en la conformación de la opinión pública y resalta la importancia de una información imparcial y veraz para trasmitir las acciones de Gobierno. Si el Ejecutivo de Mariano Rajoy hubiera llevado a cabo un eficaz, amplio y riguroso contacto con los medios de comunicación para, mediante la comparecencia del presidente del Gobierno o de la vicepresidenta, desmentir las acusaciones de “falta de diálogo”, desigualdades en la aportación de Cataluña a las arcas públicas y otro tipo de falacias repetidas machaconamente por la Generalitat, la prensa internacional no habría hecho, como en ocasiones ha sucedido, el juego al secesionismo. Pero no lo hizo.

Como resultado,  la “joven democracia” española debe ahora convencer a la opinión pública internacional de la seriedad y solvencia de sus instituciones democráticas y la separación escrupulosa de poderes.

Lo sucedido no es más que la demostración palpable de la capacidad  de permeabilizar a la sociedad civil  con mensajes repetidos y no desmentidos. Se ha minusvalorado  una permanente  estrategia de comunicación,  perfectamente diseñada,  para movilizar a la gente en la calle con un proyecto  ilusionante  en medio del fragor de la crisis económica.

El engaño, profusamente difundido por los medios de comunicación catalanes, no ha sido contrarrestado de forma eficaz y veraz. No era cierto que una Cataluña independiente iba a ser reconocida por la UE y el resto de la comunidad internacional, no era cierto que iban a llegar cientos de empresas a Cataluña atraídas por su pujanza económica, no era cierto que el desempleo iba a pasar a la categoría de anecdótico. Ha sucedido todo lo contrario.

El descredito de los medios de comunicación, con plantillas mínimas, con graves problemas económicos y dependencias del poder para su subsistencia;  periodistas mal pagados, con poca experiencia y pocas fuentes en los centros de poder y unos medios públicos absolutamente entregados a los gobiernos de turno, son una amenaza para uno de los pilares de la democracia: la libertad de expresión.

En momentos de grave zozobra política, cuando se produce un ataque al Estado de semejante envergadura,  es cuando más se evidencia el papel  fundamental  que los medios de comunicación, desde el necesario sentido crítico con el poder, deben jugar en defensa de las instituciones democráticas que permiten la convivencia y la igualdad ante la Ley de todos los españoles.

Día 4 de noviembre de 2017

Por: Victoria Lafora

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