El semáforo está en ámbar: Redes sociales y democracia participativa (13/10/2018 por Gabriel Sánchez Rodriguez)

El periodista Juan Luis Cebrián afirmó recientemente en un foro organizado en el Congreso de los Diputados, para conmemorar el 40 aniversario de la Constitución Española, que las redes sociales son una amenaza para la democracia participativa. Y aportó estos datos para afianzar su denuncia: el 30 por 100 de los norteamericanos cree que Barak Obama nació en África y el 40 por 100 piensa que es musulmán. Obama nació en Estados Unidos (en el estado de Hawái concretamente) y practica la religión cristiana, en el movimiento evangélico baptista.

Naturalmente, quienes estaban convencidos de estas apreciaciones referidas al expresidente norteamericano, habían manejado distintas redes sociales para informarse. Los medios de comunicación tradicionales, cuando redactaron la biografía del candidato a la presidencia y más tarde vencedor de las elecciones del año 2012, se cuidaron mucho de verificar y confirmar tanto su lugar de nacimiento como su adscripción religiosa, simplemente por una cuestión de honestidad y credibilidad del medio para con la opinión pública a la hora de referirse a un aspirante a la Casa Blanca. Esta responsabilidad, que es un plus para el medio que informa rigurosamente, no afecta a las redes sociales, pues sus anónimos manipuladores no deben responder ante nadie de lo que transmiten o dejan de transmitir. No hay cabecera, ni empresa editora, ni director ni responsable de contenidos…Simplemente se lanza el bulo (fake news, se dice ahora) y el receptor lo da por bueno. Una vez asimilada la des-información, el ciudadano toma decisiones que sólo son posibles en democracia (votar, tener opinión, formarse libremente un criterio) y decide el devenir de la vida política y social de su país. Así de sencillo, pero a la vez, así de arriesgado.

El 19ª Foro Iberoamericano (institución que aglutina a empresas españolas con presencia en América Latina) se ha reunido en Madrid recientemente. Durante el evento, el consejero delegado de la consultora Alto Data Analytics, Alejandro Romero, advirtió que las noticias falsas son un desafío de primer orden para las democracias de todo el mundo y pidió a los medios tradicionales “invertir en calidad para generar confianza e imponerse como fuentes de información de referencia”. Romero aportó un dato escalofriante: la actividad alcanzada por programas informáticos que distribuyen masivamente información falsa en redes sociales puede ser fácilmente cinco veces superior a la actividad humana habitual en esas plataformas. En la mayoría de los casos, dijo Romero, muchas de las informaciones que facilitan los programas informáticos son inverosímiles, y, sin embargo, eficaces. Y puso un ejemplo clarificador: antes de las elecciones italianas del pasado mes de marzo, se difundió la noticia de que el número de inmigrantes en Italia iba a ser un 40 por 100 superior al de nacionales en 2065.

¿Qué persiguen los voceros de las noticias falsas? La respuesta la dio en el foro Iberoamericano la experta en big data Carmen Artigas: lo que está detrás de estas noticias es otro sistema de creencias que busca debilitar las instituciones democráticas y que es necesario combatir desde una cultura que fomente la verdad.

Y la única forma de fomentar la verdad es la responsabilidad de quienes difunden información por cualquier canal. Un sentido ético, un código deontológico que defina qué se tiene que contar, cómo se tiene que contar y por qué se tiene que contar. En definitiva, el periodismo de toda la vida, tan necesario en democracia y tan demandado por la opinión pública desde hace más de un siglo. Un logro social de esta envergadura no se lo puede cargar ni un robot, ni un grupo de chiflados malintencionados.

 

Día: 13 de octubre de 2018

Escrito por Gabriel Sánchez Rodríguez

Tags:

Deja un comentario