Gonzalo Arias: “Vivimos en una época en la cual la información abunda y muchas veces desinforma”

Gonzalo Arias: “Vivimos en una época en la cual la información abunda y muchas veces desinforma”

Gonzalo Arias es un sociólogo, consulto político y autor de “Comunicar lo local, Crujía, 2019”. El licenciado en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA), ha realizado estudios de posgrados en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales y en la Universidad Complutense de Madrid sobre la comunicación, la opinión y la gestión públicas. Actualmente realiza tareas de consultoría en diversos grupos como National Geographic, Discovery, La Nación, entre otros.
¿Cómo definiría la infoxicación?
La infoxicación es el fenómeno que genera en la opinión pública la saturación de información, que nos abruma con distintos temas y  contenidos superficiales, que obliga forzadamente a ejercitar una suerte de economía de la atención la cual por lo general no permite profundizar en los contenidos.

 

¿Cuál es el principal problema de la infoxicación?
El gran problema de la infoxicación tiene que ver con la vulnerabilidad a la que las personas están expuestas. La información construye realidad, y cuando la información es mala o no es veraz, la realidad se distorsiona, y el riesgo para la democracia, en cuanto a la transparencia y la libre expresión, aumenta.

“Manipular a la gente no es algo sencillo”

¿Por qué el exceso de información exalta las emociones y se suele asociar a sentimientos de angustia?
El mundo es un lugar inseguro, cargado de incertidumbre y peligros. Esto no es una novedad de este complicado 2020, sino que es casi una constante en la historia de la humanidad. Esta cuarentena no fue la excepción, pero sí evidenció con particular crudeza lo volátil de nuestra vida. Vivimos el día a día sin saber cómo será el mes próximo, recibiendo información de todo tipo; incluso contradictoria.
En este contexto, las emociones son nuestro mecanismo evolutivo y cognitivo más fácil para vincularnos con nuestro entorno. Somos seres eminentemente emocionales, que cada tanto pensamos, reflexionamos y razonamos. Si la información que recibimos es incierta, nos genera más dudas que certezas, es natural que nos sintamos angustiados u ansiosos. Sin embargo, como consumidores de información, tenemos que poder superar esa receptividad emocional de la información y procurar pensarla, tomarse un tiempo para tamizarla por mecanismos más racionales en lugar de aceptarla acríticamente.

»Informarse es un derecho que debe ejercerse con mucha responsabilidad»

 ¿Podría decir que gracias a la infoxicación la sociedad de hoy en día puede ser manipulada de una manera más sencilla?
Si algo nos muestran casi 100 años de estudios empíricos en sociología y opinión pública es que, pese a lo que cierto sentido común pretende afirmar, manipular a la gente no es algo sencillo. Que los ciudadanos estén más preocupados por temas que para los políticos pueden resultar más banales, y que tienen que ver nada más ni nada menos que con eso que
conocemos como vida, no implica que sean susceptibles de la manipulación y el engaño a través del marketing o la publicidad.
En el mejor de los casos, desde los medios de comunicación, dependiendo de las características sociodemográficas de las audiencias, se puede acotar y jerarquizar los temas sobre los que la gente conversa. El gran logro de la infoxicación es ese: selecciona y jerarquiza temas que influyen en lo que la gente habla. Por eso, es importante que cada uno de nosotros consuma distintos medios, que contraste  opiniones, que identifique las fuentes y que estas sean creíbles. Es un trabajo, lo sé, pero informarse es un derecho que debe ejercerse con mucha responsabilidad.
Un estudio realizado por Pew Research Center en 2016 demostró que la mayoría de los 1.520 encuestados no sintieron que la infoxicación fuera un problema, ¿por qué sucede esto?
Porque, como decía Charles Dickens, somos animales de costumbre. Básicamente nos acostumbramos y no nos cuestionamos todo, todo el tiempo. Tengamos en cuenta que las personas somos, como señala el premio Nobel en Economía Daniel Kahneman, »avaros cognitivos», es decir que tendemos a simplificar la información, acostumbrarnos a comportamientos rutinarios y aceptar lo que nos es dado. Entre ello, la información. Es esperable, entonces, que la mayoría de la gente no sea consciente de la infoxicación.
El mayor desafío hoy en la política no es sólo conectar con las personas, sino mantener ese vínculo.
El experto en comunicación, Ricardo Sánchez Butragueño, considera que el mayor reto al que se enfrentan los asesores de comunicación política es el de encontrar el hilo argumental que conecte de forma eficaz lo racional con lo emocional, ¿considera que ese es su mayor desafío?
No existe lo racional sin lo emocional. Nuestra puerta de entrada a la reflexión es lo emocional. Por ello, en comunicación política y en campañas electorales, emocionar, impactar y atraer la atención de las personas, es la clave para luego poder transmitir ideas o propuestas más concretas. Pero si nos quedamos solo en lo emocional, nuestra comunicación no será efectiva. Lo mismo ocurre si sólo intentamos proponer ideas, sin antes poder establecer un vínculo emocional con las personas.

»El mayor desafío hoy en la política no es sólo conectar con las personas, sino mantener ese vínculo»

Muchos de los políticos que logran atraer la atención de los electores y los traducen en votos, suelen perderlo rápidamente al terminar la campaña. El reto es mantener ese vínculo comunicacional en el tiempo. Las dos emociones positivas más frecuentes en las campañas electorales suelen ser la esperanza y el entusiasmo.
Asimismo, Butragueño asegura que jugar la partida de las emociones (del entusiasmo) en comunicación política, no es una elección hoy en día, ¿usted está de acuerdo?
Las dos emociones positivas más frecuentes en las campañas electorales suelen ser la esperanza y el entusiasmo. Son muy efectivas, pero los electores están exigiendo más que emociones. Los estudios en todo el mundo, pero particularmente América Latina dan cuenta de que los electores premian gestiones eficientes que logren transformar la vida cotidiana en un sentido positivo, que demandan soluciones concretas a sus problemas y que tienen una mayor exigencia. Con emocionar no
alcanza.
Con tanta información de distintos medios, ¿cómo puede un político llegar a su público y responder a sus necesidades?
Una de las claves en la comunicación política es la investigación, pero paradójicamente es en lo que menos recursos (tiempo y dinero) se invierte. Es imprescindible saber qué sienten y piensan los electores. No podemos ser efectivos con nuestros mensajes si no sabemos cómo nos ven, qué piensan de nosotros, y sobre todo, qué necesitan. Es sorprendente
cómo a veces las necesidades que los electores tienen no son las que uno piensa intuitivamente. No sólo es trabajo, salud y seguridad lo que mueve a la gente, sino que, a veces, son elementos vinculados con los afectos, lo local, el barrio y la manzana.
¿Cree que la infoxicación contribuye a la manipulación del electorado por parte de los políticos que apelan más a lo emocional que a lo racional?
Sin dudas la infoxicación incide en el clima emocional con el que la sociedad llega a la campaña electoral. El desafío de los liderazgos políticos es poder entender ese estado de la opinión pública y  proponer un futuro alternativo. Los líderes no son analistas o diagnosticadores. Lo que diferencia a un líder de otras personas, es su capacidad de generar un
diagnóstico compartido, trazar un sendero hacia adelante, y entusiasmar a una mayoría de la sociedad para ir hacia allá.

“Los electores necesitan ver a sus representantes activos y viviendo la misma realidad que les toca a ellos”

¿Qué es necesario para lograr una estrategia de comunicación política exitosa teniendo en cuenta el contexto presente?
Este contexto está demandando líderes políticos que salten sus escritorios, que se arremanguen, que trabajen full time y que encabecen los operativos en los territorios. Hoy, más que nunca, es tiempo de hacedores. Naturalmente esto varía según hablemos de campañas locales, provinciales o nacionales. Pero lo que se repite en todos los casos es que los electores necesitan vera sus representantes activos y viviendo la misma realidad que les toca a ellos; de palabras justas y lenguajes sencillos; de transparencia y apertura; de cercanía y empatía.
¿Podría destacar algún ejemplo en Argentina?
Sobran ejemplos, pero para mencionar dos que todos conocen: Mauricio Macri y Cristina Fernández de Kirchner. Ambos exmandatarios tienen niveles de vida que los alejan enormemente del conjunto de argentinos. A Macri se lo vio paseando por Europa o en un estado de vacaciones constantes. A Cristina se la ve en situaciones de trabajo, propias de la actividad política, pero casi nunca en momentos familiares, de afecto o de entrecasa. Ninguno de los dos se destaca por haber hecho una campaña personal de utilización de barbijos o de distanciamiento social. Pero como señalé anteriormente, esto parece haber sido común a gran parte de la política: nos pidieron no abrazarnos, saludarnos con un beso y quedarnos en casa, pero los vimos hacer todo lo contrario.

 

¿Cómo nos podemos dar cuenta de que estamos infoxicados?
Hay una pregunta muy efectiva que podemos hacernos para empezar a diagnosticar nuestro nivel de infoxicación: ¿elegí informarme o la información simplemente apareció ante mí? Varias veces al día nuestro celular nos notifica de novedades en redes sociales, en diarios, en la web, además de las habituales apps de mensajería. Si la respuesta a nuestra pregunta es que la mayoría de las veces que nos informamos no fue por elección nuestra, entonces sí, estamos definitivamente infoxicados.
Por último, ¿Cómo cree que podemos lidiar con la infoxicación en estos tiempos? 
La clave, sin duda, es poder informarnos con responsabilidad, lo que demanda inevitablemente un esfuerzo por parte de los consumidores. No hay necesidad de estar todo el día conectados a las pantallas, pero al hacerlo, tenemos que poder elegir con qué medios informarnos, incorporar la diversidad de miradas, y cuando incorporamos alguna noticia, poder contrastarla con, por lo menos una fuente adicional. Vivimos en una época en la cual la información abunda y muchas veces desinforma. Ser consientes de eso, es el primer paso para combatirlo y desinfoxicarnos.

 

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