COMPROMISO EN LA RELACIÓN: La promesa (Febrero de 2017 por Salvador Ramajo en el Instituto Juan Pablo II)

El amor siempre es buena noticia. Y de modo principal en su referencia y vínculo a la Buena Nueva venida del Padre, el Señor Jesucristo. Con su mutuo amor, el hombre y la mujer a lo largo de la historia dan respuesta al proyecto original de Dios, continúan la Creación y dilatan por los siglos la presencia amorosa de Dios hecha carne en Jesucristo. Él es el Sí a todas las promesas de Dios. Y en Él encuentra sentido, alimento y plenitud la promesa de amor que nace del encuentro amoroso entre hombre y mujer. Este trabajo se pregunta por la promesa esponsal y sobre todo por su posibilidad hoy. No obstante, partimos de una seguridad hallada en el mismo Cristo. Dice Gaudium et Spes en su número 22: En realidad, el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado. En Él sabemos y vivimos nuestra plenitud y realización, temporal y escatológica.

Desde la antropología adecuada, desde la verdad de la identidad y dignidad del ser humano, nos remontaremos hasta el origen en la voluntad creadora del Padre. Tratamos de analizar la concreción de su proyecto eterno en el hoy de nuestra historia humana. Hay una categoría que en esta reflexión deviene fundamental, el “tiempo”: es el ámbito en el que es posible la existencia, la narración vital de la persona, la interacción con los demás seres humanos. Del tiempo se crea la posibilidad de cumplir las promesas, y en él nace igualmente la dificultad de la promesa. Sin duda, el tiempo del hombre, la historia, está determinada ineludiblemente por el hecho nuclear de la Encarnación del Hijo de Dios en la plenitud de los tiempos.

En nuestro tiempo descubrimos cierta problemática que no puede ignorarse, pues nuestro interés se dirige a la dimensión pastoral, con vistas a encontrar la posibilidad y recursos para que los jóvenes de hoy día puedan entender en su auténtico valor su experiencia amorosa y, desde ella, construir la promesa esponsal que les lleve a la comunión de vida y logro de la felicidad. No es fácil hoy día para los jóvenes que han encontrado el amor descubrir el significado de su experiencia amorosa, porque la cultura actual ofrece una interpretación de la misma reducida y distorsionada, sin valoración ni comprensión de todas las dimensiones que incluye, ni de la finalidad a que está dirigida.

Por otra parte, la vida actual se desarrolla en un contexto de provisionalidad, fragmentación y banalización que hacen muy difícil la construcción de compromisos duraderos. Se imponen preguntas como éstas: ¿cómo conseguir relaciones estables? ¿Cómo llegar a la creación de la promesa esponsal? ¿Cómo preparar a los jóvenes para ello? Ya desde ahora afirmamos que la promesa esponsal es posible, porque la experiencia y la revelación nos permiten llegar a la profundidad y riqueza del corazón humano y descubrir la posibilidad de respuesta a la vocación al amor, y mediante ella lograr la comunión con Dios.

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Promesa Salvador Ramajo

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