Pilares del periodismo, virtudes de la comunicación (30/04/2018 por Ana María Rodríguez Segura)

“Mi táctica es construir con palabras un puente indestructible”, que dijo Mario Benedetti.

Escribir sobre rigor y sensibilidad debería ser relativamente sencillo para una alumna en prácticas y estudiante de tercero de Periodismo. Sin embargo, a veces es complicado poner en práctica la teoría del buen uso de unos conceptos tan amplios y moldeables según la persona como son el ‘rigor’ y la ‘sensibilidad’. Y es que, además, una nunca deja de aprender.

Porque pese a todas las clases -de todo tipo-  en las que desde el grado se habla del buen hacer de la profesión, es interesante ampliar el concepto más allá de los medios. Ambas virtudes deberían de estar intrínsecas en cualquier pensamiento y acción humanos, más aún cuando en el ámbito profesional la comunicación, sea del tipo que sea, es continua.

Para empezar por el principio, dejemos claro las ‘reglas del juego’. No se trata de una clase de ética, ni de literatura, ni de aplicación práctica de teorías irresolutas. Se trata de aportar, desde la experiencia personal, un ápice de lo que supone ser conscientes de la diferencia entre ser un buen y mal profesional de la comunicación teniendo en cuenta dichos conceptos.

Una vez escuché en una redacción que cualquier periodista que no supiera como comenzar su escrito buscaba el significado de la palabra en la Real Academia Española para romper el hielo.

Según la institución, la palabra ‘rigor’ cuenta con ocho acepciones. Dos de las más usadas y las que nos traen hasta aquí, son las que lo definen como: “excesiva y escrupulosa severidad” y “propiedad y precisión”. En definitiva, una persona rigurosa es toda aquella que es “exacta, precisa y minuciosa”. Pero, ¿cuántas veces no nos dejamos llevar por las pequeñas deformidades que un asunto presenta, bien sea de manera intencionada o con desconocimiento?

Si alguna vez han jugado al teléfono escacharrado, entenderán a lo que me refiero. Es más fácil y rápido –inmediatez, gran enemigo o aliado-, contar lo que sepamos sin haber verificado al menos por tres fuentes –he aquí el periodismo-.

En la actualidad la teoría es la verificación, las fuentes y la seguridad de la información. En la práctica, el reloj no es uno de los mejores aliados. Sin embargo y por suerte, existen en el periodismo grandes profesionales que son capaces de conjugar ambos ingredientes para generar un cóctel explosivo que desemboque en un Pulitzer, por llevarlo al extremo más preciso y alto de la profesión. O estos días, a pequeña escala, que concluyan en el ‘Caso Cifuentes’. Por algo será que, pese a todo, en ocasiones el Periodismo es referido como ‘cuarto poder’.

Dentro de todo esto y en el otro lado, del poder, del ejercicio y buena fe que deben mover a los profesionales de este oficio, se encuentra la sensibilidad. La “facultad de sentir, propia de los seres animados”, que definiría la RAE. Que la comunicación necesite tener implicado un ápice –o algo más- de sensibilidad es porque hay implícitamente una relación entre seres humanos. Entre personas que comparten e intercambian un valor esencial: información.

Para acercarse a una información verdadera, es necesario utilizar las herramientas necesarias y que están a disposición de todos: el rigor, por verdad, y la sensibilidad, por humanos. Las columnas que sostienen la comunicación. En definitiva, la honestidad y la actitud en pro de hacer bien las cosas. De construir puentes con las palabras que hacen posible la comunicación.

Realmente y aunque parezcan, desde el más puro ámbito de la definición, difíciles de combinar, por la inamovilidad del rigor y por el sentimiento subjetivo humano, el juego de las profesiones en general, y de la vida en particular, trata de conjugar ambos conceptos para producir y realizar acciones de calidad.

En conclusión, la única manera de poner en contacto a las personas es a través de la comunicación, que no se consigue sin virtudes como el rigor y la sensibilidad, pilares fundamentales del puente entre información y sociedad. También entra en valor la disposición de querer hacerlo. Y de querer hacerlo bien.

Porque parece obvio, pero de vez en cuando no viene mal recordar el porqué es esencial la comunicación y la salud en un oficio tan necesario como el periodismo. Por eso cada 3 de mayo se celebra el Día Mundial de la Libertad de Prensa para, que pese a lo evidente y que todos sabemos, se tengan en cuentan los valores que por rutina en ocasiones olvidamos.

Día 30 de abril de 2018

Escrito por: Ana María Rodríguez Segura

 

Deja un comentario