Rigor y sensibilidad (02/03/2017 por Daniela Musicco)

Queremos conocer la frontera entre profesión y humanidad, visión y mirada. Abordamos el estudio del ejercicio del rigor y la sensibilidad en el campo de la comunicación; estamos interesados en el análisis de los datos y las consecuencias de la aplicación del rigor y la sensibilidad en las profesiones que deben o deberían comunicar poniéndose o estando en el lugar del otro.

Conscientes de que vivimos en un mundo en el que somos capaces de pasear despreocupados, de la mano de un niño que desfila por las calles de La Habana, con chaqueta de Coco Chanel, mientras Cuba esconde su pobreza a cambio de un plato de arroz.

Sabemos que podemos llorar  la historia de Nadia, sin preguntarnos si es verdad, sin corroborar nada, simplemente seducidos por la mirada del share.

 

Escuchamos el horror de un  laudado “yo estuve ahí”, oí el disparo, esquivé la bomba de los reporteros de guerra, supervivientes; recibimos las imágenes y sonidos de lugares que siempre nos resultan muy lejanos; después, de vuelta a casa, como cazadores con sus triunfos, admiramos las fotografías y crónicas que cuelgan en las paredes de confortables salones.

Conocemos que hay miles de hambrientos y de muertos, de los que nunca cogieron un avión para contar su propia vida, de los que no compraron un billete de ida y vuelta, ni de primera, ni de turista, ni de tren, ni de metro, para sobrevivir, de los que no tuvieron la oportunidad de explicar como pensaban o cómo hubiesen querido que fuera su futuro.

Son los cuerpos abatidos sobre los duros asfaltos, asesinados sin disculpa, mudos para siempre en el silencio; son los mismos asfaltos que  ahora unos hombres perdonados, y ellos sí, con vida, los pueden volver a caminar; son esos hombres que pasan delante de las cámaras y lanzan unas casi imperceptibles miradas esquivas, nos cuestionan, pero no nos preguntamos nada.

Es la imagen, y no el niño sirio ya olvidado, de la playa de Ayllon, el breve escalofrío de un escándalo que silencia a miles de otros niños, abandonados sobre unas conciencias tan adormecidas por una sensibilidad que sólo responde al mando a distancia, negados por una falta de rigor vital que nos arrastra más allá del mar adentro.

Sin querer desprestigiar el mérito y el valor (muchos hasta pierden sus vidas) de quienes cuentan y comunican el dolor, subrayamos la enorme brecha que divide los dos mundos:  los que trabajan sobre las miserias de esta tierra, de los que las sufren.

Escrito por: Daniela Musicco

Día 2 de marzo de 2017

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