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 Reunión con el Comisionado de la Memoria Histórica del Ayuntamiento de Madrid.

Miércoles 5 de abril de 2017,

Una sala del Edificio Cisneros del Antiguo Ayuntamiento de Madrid en la Plaza de la Villa

Cuando el pasado año surgió la polémica acerca de cambiar los nombres de calles de Madrid que hicieran referencia a lugares y personas vinculados al Franquismo, se manifestó claramente, por un lado, una enorme falta de rigor, pero también de sensibilidad. Se trataba de eliminar, sí o sí, las referencias en las calles a hechos o personajes vinculados al bando franquista o al régimen que siguió a su victoria en la Guerra Civil, sin plantearse ni quiénes eran, ni si en su trayectoria vital habían aportado cosas positivas a la sociedad que les hicieran merecedores de una remembranza en el callejero madrileño. Y falta de sensibilidad, porque aquella guerra enfrentó a dos bandos, en los que se dieron comportamientos despreciables… pero también heroicos, y quienes querían arrasar con las referencias al Franquismo, únicamente se centraban en un bando e ignoraban las circunstancias del otro. Y falta de rigor, porque en su afán destructor, se pretendían llevar por delante, por un lado, la innegable Historia de España que fue como fue y no va a cambiar por mucho que se la pretenda ignorar y, por otro lado, porque se etiquetaron de franquistas, hechos y personas que nada tenían que ver con ese periodo. Es decir, se abrió paso la ignorancia, al ser cegados por el sectarismo.

Tal polémica se desató, que el Ayuntamiento de Madrid decidió replantearse la situación. Y entonces sí, apareció el rigor y la sensibilidad. Se constituyó a comienzos de este año un “Comisionado de la Memoria Histórica” que iba a integrar a gente competente, preparada y que, como se ha revelado, huiría del sectarismo y manifestaría bastante sensibilidad.

Presidida por una persona de relevancia, Francisca Sauquillo, y que, además, se rodeó de especialistas en la reciente Historia de España, la presidente del Comisionado, nos convocó a diversas personas que hemos dedicado parte de nuestro trabajo a la historia de Madrid contemporánea el pasado 5 de abril. Es decir, de entrada, una intención de hacer las cosas bien, con un criterio claro y sólido que ya manifestaba la presencia de dos prestigiosos historiadores en el Comisionado, pero que ahora además se incrementaba con su apertura a la participación con su opinión de otros especialistas.

Ese deseo de ser riguroso a la hora de proponer esas intervenciones en espacios públicos y también de atender a las sensibilidades de muchos madrileños, a ser posible de todos, se puso de manifiesto con la convocatoria a aquella reunión de historiadores de relevancia como Ángel Bahamonde Magro, Jesús Antonio Martínez Martín o Fernando del Rey Reguillo. A ellos se unió la presencia, como miembros del Comisionado, de dos historiadores de prestigio como Octavio Ruíz Manjón y José Álvarez Junco, que también estuvieron presentes en la sesión.

No obstante, también se convocó a algunas personas a las que cuesta relacionar con el objetivo de aquella reunión y del comisionado, como el humorista Antonio Fraguas, “Forges”, cuya presencia es difícil saber a qué obedecía, pero ahí estaba. De hecho, sus intervenciones fueron aportaciones hasta cierto punto irrelevantes. También asistió Rafael Fraguas, hermano de Antonio, periodista y estudioso del Instituto de Estudios Madrileños. A mi lado se sentó la exministra socialista de educación Mercedes Cabrera que además es historiadora del pensamiento, pero que, la verdad, sobre Madrid yo creo que ha trabajado poco (de hecho apenas abriría la boca en la reunión). Luego había otras personas como el sacerdote-párroco de la Iglesia de San Millán y San Cayetano de Madrid, o el novelista Andrés Trapiello que es miembro del Comisionado.

La señora Sauquillo comenzó exponiendo que lo que pretendía el Comisionado, y ello le honra, era escuchar un intercambio de opiniones de estudiosos, que, en principio, habían demostrado en su trayectoria conocer bien el periodo histórico objeto de intervención, y en un ambiente cordial y relajado. En ese afán de hacer las cosas bien el comisionado quería escuchar nuestro parecer sobre lo que ha hecho por encargo del Ayuntamiento de Madrid. Eso sí, esta iniciativa respondía a un origen muy discutible: se trata de desarrollar la lamentable Ley de Memoria Histórica en especial su artículo 15 que exige “la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos o menciones conmemorativas de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la represión de la Dictadura”. Por consiguiente, encontramos escaso rigor y sensibilidad en esta Ley que únicamente pretende intervenir en las referencias a uno de los dos bandos de la guerra, el franquista. No obstante, hay que felicitarse porque el Comisionado, nos iba a demostrar que no ha ido por el sectario camino de la Ley y no pretende olvidarse de ninguno de los dos bandos.

Pero rápidamente, la señora Sauquillo pasó a exponer lo que han hecho. Y en ese momento, personalmente ya empecé a estar gratamente sorprendido porque comenzó a ponerse de manifiesto que la intención del Comisionado era ser riguroso y tener en cuenta hechos y personas de ambos bandos. Así, nos informó de que las propuestas del Comisionado se dividen en tres partes o intervenciones.

Primero, que es lo que más ha trascendido (casi lo único) a la opinión pública, es lo relativo a los nombres de 47 calles de la ciudad. En segundo lugar, sobre la creación de “espacios de la memoria” en Madrid que recuerden hechos relevantes ocurridos en los años treinta y durante la Dictadura en la ciudad. Y, en tercer lugar, la colocación de placas recordatorias de instituciones o personas relevantes en Madrid en esos mismos periodos de la reciente historia en España y, eso sí, que hayan tenido comportamientos loables. Evidentemente, no se va a poner una placa que aluda a alguien con comportamiento censurable, por muy relevante que sea el personaje en la Historia de Madrid.

El capítulo de los nombres de las calles que podría parecer fue casi el motivo de haber acudido a esa reunión, en realidad, pronto se reveló que es lo menos importante de entre todo lo que se quiere hacer.

Con respecto a las calles, lo primero que se apuntó por la señora Sauquillo es que no sólo hay que quitar nombres sino que estos hay que sustituirlos por otros. Y en este punto intervino el historiador Álvarez Junco quien apuntó que se ha tratado de buscar nombres que no susciten discusión o polémica como Julián Besteiro o Melchor Rodríguez y, desde luego, no sustituir generales de un bando (el franquista) por nombres de generales del otro bando. Por ello, no se propone ni un nombre de un militar republicano. Por otro lado, existe el problema de la “calidad” de la calle, es decir, hay calles importantes, amplias, céntricas… pero hay calles cuyo nombre se propone cambiar que son auténticos callejones, como por ejemplo, la hasta ahora “Travesía del General Franco” que es un callejón que no ennoblece mucho a aquel cuyo nombre se utilice ahora para denominarla. Tampoco se olvidan los problemas que va a generar al vecindario y negocios de las calles que podrían ver cambiado su nombre, con lo cual el Comisionado es plenamente consciente de que hay ciudadanos a los que no les gusta el cambio de nombre y que no necesariamente sus motivos sean ideológicos sino meramente prácticos. Pero como se ha mencionado antes, el cambio de nombre de calles es una propuesta a la que todavía le queda muchísimo camino por recorrer.

Como se observa, se trata de dar cabida a todas las sensibilidades de quienes albergan recuerdos o sentimientos hacia las circunstancias de la historia reciente de España. Y en ese sentido, además, se quiere ser riguroso en el recuerdo a todos. Y ello se manifestó con claridad en el capítulo de lo que se pretende llamar “espacios de la memoria”. Confieso que cuando escuché esta denominación como la segunda de las intervenciones que se iba a proponer al Ayuntamiento, pensé, aparte de mi rechazo al empleo del término “memoria” como equivalente a “Historia” (que comentaré luego), que se iba a recoger sólo referencias al lado republicano. Pero he de decir que equivoqué mi prejuicio.

Así, se pretende crear espacios de este tipo en lugares como el Cementerio de La Almudena o del Este en los que se recuerde a los fusilados en la posguerra en esas tapias (muchísimos) por el régimen vencedor, el franquista, pero también a los que durante la guerra, en el Madrid republicano, fueron fusilados allí en “paseos” terribles. Otro lugares para esos recuerdos en “espacios” son aquellos que ocuparon las cárceles del Madrid de la Guerra, por consiguiente hablamos de recordar represión republicana, que no franquista: se habló de la Cárcel de Ventas o La Modelo, ambos hoy desaparecidos sus edificios, u otras como la Cárcel de San Antón, la Cárcel de Porlier o la de Torrijos cuyos edificios, con usos diversos hoy, todavía están en pie en Madrid. Y también se pretende hacer algo similar con cárceles donde hubo presos políticos del Franquismo como la de Carabanchel o la de Yeserías.

Y aún más. Es conocido que uno de los más negros ejemplos del Madrid republicano fueron las terribles checas que fueron especialmente crueles y despreciables: locales de organismos políticos que ejercían de cárceles, de tribunales populares, lugares de tortura y punto de partida de los asesinatos semiclandestinos conocidos como “paseos”. Pues, de nuevo, rigor y sensibilidad. La señora Sauquillo nos informó de que el Comisionado va a proponer que también se intervenga en esos lugares para recordar esa censurable realidad republicana, tomando como referencia dos de esas checas, de las más importantes del Madrid republicano: la llamada Checa de Bellas Artes-Fomento y la Checa de Marqués de Riscal. La primera es una checa montada desde la DGS republicana primero en el Círculo de Bellas Artes y a las tres semanas trasladada a un edificio de la calle de Fomento, 9, hoy sede de un instituto de secundaria. En ambos casos, los edificios existen, el problema es que el Círculo se niega a que en sus paredes se recuerde que eso fue una repugnante checa, que es lo que fue. Yo sugerí que se ignorase la opinión del Círculo y el Ayuntamiento colocara, en la acera de la calle de Alcalá donde el Círculo nada puede decir, una placa que lo recuerde. También se propuso al Círculo poner la placa en el edificio de la calle de Fomento, 9 que pusiera que allí estuvo la checa Bellas Artes-Fomento, pero los del Círculo están dispuestos a dar la batalla para que su nombre no aparezca vinculado a la checa. Aquí observamos una lamentable falta de sensibilidad. Tal vez habría menos problemas con la Checa de la Calle Marqués de Riscal, cuyo edificio todavía hoy existe. Yo, por mi parte, sugerí que otra checa muy importante en Madrid fue la Checa de San Bernardo, del PCE, cuya sede estaba en la Iglesia de Montserrat, en el 72 de esa calle, y que hoy también existe el edificio. No fue mal recibida mi sugerencia ya que me preguntaron dónde estaba exactamente ese emplazamiento.

Otro problema que afloró en ese punto es la falta de sensibilidad de personas e instituciones, como hemos visto en el Círculo de Bellas Artes, debido a que muchos edificios son comunidades de vecinos o entidades privadas y que hay que contar con ellos, y no es fácil conseguir su aprobación.

En relación con los espacios, apareció sobre la mesa qué hacer con el Arco de la Victoria. Uno de los principales problemas del que se nos informó es la titularidad de este espacio que, desde luego, NO es del Ayuntamiento, por lo que nada puede proponer al respecto el Comisionado. Y parece ser que ese monumento es en parte de la UCM y en parte del Consorcio de Transportes de Madrid, es decir, de la Comunidad de Madrid. Con lo cual, parece complicado realizar modificaciones sobre este monumento y, esto generó cierta desazón, porque ciertamente se trata de uno de los emplazamientos más emblemáticos de Madrid en la referencia a la Guerra Civil Española. Ahora bien, desde luego en ningún momento, nadie en la reunión planteó barbaridades como echarlo abajo o destruirlo de cualquier otra manera. Pero entre el problema de la titularidad y el emplazamiento, en medio de vías rápidas de circulación alrededor, es complicado intervenir en este monumento que, por otro lado, está muy abandonado en su mantenimiento.

No obstante, sí creo que es justo reconocer que se observa en el Comisionado un deseo de rigor, ecuanimidad y sensibilidad. No han querido olvidarse de realidades que no son fáciles de aceptar en el recuerdo de muchos. Por ejemplo (y en esto estoy convencido que ha tenido mucho que ver la presencia en este organismo del Catedrático Octavio Ruiz Manjón que fue profesor mío y al que conozco bien), se quiere recordar también la violencia anticlerical del periodo republicano del Madrid de la guerra. Y, así, la señora Sauquillo apuntó que se ha pensado en colocar elementos recordatorios de la violencia contra las iglesias en Madrid y, en concreto, se señaló a los templos de la antigua Catedral de San Isidro y de la Iglesia de San Cayetano, las cuales ambas padecieron incendios en aquella etapa, como los lugares donde colocar placas o leyendas que expliquen esa realidad histórica: el ataque anticlerical a las iglesias de Madrid en aquella etapa de la historia de la capital.

Hubo más iglesias, indudablemente, pero, a mí me parece que, con buen criterio, el Comisionado no pretende llenar Madrid de placas que constantemente en todas las esquinas estén recordando la Guerra civil. De ahí el acierto de coger emplazamientos emblemáticos para recordar hechos generalizados (represión en cárceles y checas, violencia política, anticlericalismo contra las iglesias, etc…).

También sospecho la intervención del Catedrático Ruiz Manjón, que ha trabajado recientemente sobre los diputados en las Cortes de la II República, otra iniciativa propuesta que consistiría en recordar a los 151 diputados (de los aproximadamente 1.000 que pasaron por alguna o por todas las legislaturas de las Cortes Republicanas) que fueron asesinados durante la guerra. Y aquí se habló de dirigirse, lógicamente, al Congreso de Diputados para obtener su colaboración en la creación de estos espacios de recuerdo en el entorno del edificio de la Carrera de San Jerónimo, que no es competencia del Ayuntamiento.

Más recordatorios sensibles: el papel de las mujeres. Se mencionó que hay que ir más allá de la referencia, que ya existe con placa y todo, de las famosas “Trece Rosas” fusiladas en las tapias del Cementerio del Este. El Comisionado quiere dar visibilidad al papel de la mujer en la Guerra Civil y también piensa en ambos bandos. Salieron nombres de las conocidas diputadas de la izquierda (Nelken, Kent, Clara Campoamor, Pasionaria…) pero también, por ejemplo, de Mari Paz Martínez Unciti, una chavala joven, falangista, que organizó toda la asistencia clandestina de los franquistas perseguidos en el Madrid de la Guerra a través de un “Auxilio Azul” que fundó ella, que pagó su militancia con la vida al comienzo de la guerra. También se citó a otra señora, que procediendo del mundo falangista, Mercedes Formica, defendió los derechos de las mujeres (un poco mermados ciertamente) durante el Franquismo.

En relación con la atención de las mujeres falangistas a los perseguidos por franquistas durante la guerra en Madrid, está el capítulo de las embajadas. También el Comisionado, con muy buen criterio, va a proponer que se coloquen algunas placas o elementos recordatorios en edificios de Madrid que fueron embajadas durante la guerra. ¿Por qué? Porque es conocido que muchos franquistas se protegieron metiéndose en una embajada, bajo bandera extranjera, de la persecución y, relacionado con ello, hubo diplomáticos que realizaron una gran labor en la protección de los perseguidos. Embajadas como la de Chile o la de Finlandia o la de Noruega. Hay muchas, por lo que habría que hacer una selección de donde se colocan los recordatorios y también qué piensan los inquilinos de esos edificios que hoy en muchos casos son comunidades de vecinos o sedes empresariales. Reconozcamos que esta propuesta es otra concesión al recuerdo del Franquismo, porque estos edificios protegieron a partidarios de los sublevados que eran perseguidos por los represores republicanos en Madrid.

También, en relación con las embajadas, se propuso colocar uno de estos “espacios” en la Embajada de México, para recordar la grandísima labor que hizo el presidente de México, Lázaro Cárdenas, en la ayuda a la República y, en especial, a los exiliados republicanos que arribaron a tierras mexicanas después de la Guerra Civil.

También se habla de completar el Museo de Madrid que está en el Hospicio con más contenido de la historia de la ciudad en el siglo XX porque este siglo apenas tiene referencias en ese museo. Para este asunto el historiador Ángel Bahamonde ha recibido el encargo de estudiar la forma de hacerlo. Lo que no se entiende muy bien es el papel asignado en este trabajo a Forges ¿en calidad de qué? No lo sabemos. El principal problema que se puso sobre la mesa es que el espacio, en el Museo de Madrid (que está en el antiguo Hospicio) para el siglo XX es reducidísimo, una sala en el que hoy se exponen “cuatro cosas” de escaso valor. Y no parece que sea posible disponer de más espacio, con lo cual, Forges sugirió que se emplearan medios tecnológicos (realidad virtual) para exponer la historia de Madrid en el siglo XX, lo cual parece poco apropiado para un museo de historia… es lo que tiene que sea un humorista el que proponga una intervención en algo que debe tener sentido histórico. El caso es que el encargo principal lo tiene  mi buen amigo Ángel Bahamonde quien ve muy complicado hacer algo significativo con tan pocos recursos y espacio.

Después, de nuevo, intervino brevemente el profesor Álvarez Junco que insistió que la intención del Comisionado es, sobre todo, proponer intervenciones de las que se extraiga una enseñanza de todo lo sucedido en la España reciente y que ello sirva para el futuro, que constituya un servicio a la sociedad. Me parece un comentario lleno de sensatez de un historiador que es muy sensato.

No obstante, sí que considero una falta de rigor, y un problema en mi opinión, la insistencia en la utilización del concepto de “memoria” y no de Historia. A mí me parece que en lugar de llamar a la del Arco de la Victoria “Avenida de la memoria”, estaría mejor llamarla Avenida de la Historia, y en lugar de “Espacios de memoria”, llamarlo “Espacios de Historia” que es como, por ejemplo, lo hacen los franceses. Reconozco que me abstuve de decir esto porque pensé que iba a ser absolutamente ignorado porque el ambiente y la intención está encaminado únicamente al uso del término memoria. A mí me parece improcedente porque la “memoria” exige haber vivido los acontecimientos que se recuerda, cosa imposible en la mayoría de los casos o episodios referidos a la Guerra, porque todos los que allí estábamos éramos menores de 80 años. Y en el caso del Franquismo, tampoco había pocos que, por edad, podamos tener afianzados recuerdos de la Dictadura, cuya realidad, más bien, al menos una buena parte de los que allí estábamos la hemos conocido en los libros. Mientras que la “Historia” es el estudio de esos acontecimiento con rigor y con una intención de buscar la verdad porque se trata de un conocimiento científico, la memoria no persigue hallar la verdad, sino, sobre todo justificar un presente, personal o colectivo. Y la memoria se basa en recuerdos, que son elaborados y por tanto modificados, a través del tiempo, y también en olvidos, a veces hasta necesarios para convivir con uno mismo y con los demás. La Historia se fundamenta en fuentes, la memoria prescinde de ellas, es más, ella misma es una fuente más de la Historia.

Y en el terreno de las intervenciones, también hubo escaso rigor y nula sensibilidad en algunas de quienes no son historiadores. La peor fue sin duda la de Rafael Fraguas (hermano de Forges), periodista, que no historiador, que acudió a la reunión en calidad de miembro del Instituto de Estudios Madrileños. Aparte de algunas intervenciones poco afortunadas, es la verdad, porque decía cosas que carecían de rigor y de sentido en el contexto en que allí estábamos, lo más lamentable fue que cayó en esa obsesión de parte de la izquierda de negar el pal y la sal en estos temas a lo que él denominó “la derecha”. Este buen señor dijo que hay que aprovechar que ahora no estaba “la derecha” gobernando en el Ayuntamiento que seguro que se opondría a esto. Este absurdo juicio temerario es bastante insostenible, porque el PP (que obviamente es a quien dirigía su desprecio) no se va a oponer a casi nada de lo que el Comisionado propone porque parece bastante sensato. Y, además este señor parte de la descalificación general y arbitraria de todos los que tienen un determinado y legítimo modo de pensar, que son tan ciudadanos de Madrid como los de izquierdas, de los que él parecía sentirse portavoz… lo cual, por otro lado, también es bastante discutible.

Tentado estuve de afearle la conducta y decirle que me parece muy rancia y pacata esa visión maniquea de la realidad, pero me frené. Pensé que, por un lado, sería inútil intentar convencer a alguien con esos planteamientos que, porque no decirlo, rayan en el sectarismo, y segundo, porque el clima de la reunión era de cordialidad y no se trataba de incendiarlo con una discusión que corría el riesgo de enrarecerse. Así que me callé.

En cambio intervine para dos cosas fundamentalmente: Uno, considero que en esos “espacios” que se pretenden crear también habría que intentar ser positivo, es decir, no sólo recordar episodios o realidades luctuosas o trágicas; sería interesante reservar “espacios” para dar a conocer cosas buenas de esa época. Por ejemplo (y así lo cité), la labor del Doctor Gómez Ulla en el Hospital de sangre instalado en el hotel Ritz (es el ejemplo que puse). Y, dos, apunté que creo que el Comisionado debería esforzarse por comunicar mejor su labor o su actividad, porque lo que ha llegado a la opinión pública es casi únicamente la intervención del Comisionado que se destina a cambiar los nombres de las calles, pero nada de la segunda y tercera actividad (los “espacios de la memoria” y las placas), que a mí me parecen muy buenas ideas y planteamientos, y lo mejor de lo que están proponiendo.

Pero a esto segundo se le dio una respuesta que reveló una triste falta de rigor de la prensa, porque se me aseguró que todos los medios tienen, desde el principio, un dossier en el que se informaba de todo lo que se estaba haciendo. Sin embargo, esos medios han ignorado lo de los “espacios” y lo de las propuestas de placas recordatorias y se han centrado en lo que genera polémica que es lo de los nombres de las calles. El Comisionado, con razón, lamenta que sobre lo que deciden publicar los medios nada pueden hacer.

Antes de que me marchara, la última intervención a la que asistí fue la del Catedrático (y también buen amigo) Jesús A. Martínez, en mi opinión muy acertada. Jesús apuntó que un espacio en el que habría que hacer algo es en el metro, porque el suburbano fue un espacio importantísimo en la Guerra Civil, que sirvió de refugio para muchísimas personas, especialmente durante bombardeos o aquellas que, producto de estos, habían perdido su casa. Se sugirió la estación de Chamberí, hoy sin funcionamiento, para poner esto.

Después de esto, yo me levanté porque me tenía que marchar (ya llevábamos hora y media de reunión) y creo que ya estaba todo lo importante escuchado y yo había aportado lo que creo que debía aportar y, sobre todo, lo que creo que tenía posibilidades de ser escuchado. Lo de cambiar “memoria” por Historia es batalla perdida probablemente, y la réplica al Rafael Fraguas hubiera sido una pérdida de tiempo y un mal rato innecesario.

En suma, me fui contento porque acudí pensando que iba a encontrar sectarismo, revanchismo o falta de rigor. Pero creo que este Comisionado, con la presencia de dos historiadores muy sensatos, Ruíz Manjón y Álvarez Junco, va a poner sentido común frente a las irreflexivas iniciativas de políticos ignorantes (y sectarios) que se sientan en el Ayuntamiento de Madrid. Me encontré en esa reunión buena intención de hacer las cosas bien y ser sensible a la diversidad de las formas de pensar de los ciudadanos de Madrid, de todos, para los que el Ayuntamiento gobierna. El mayor problema es que la misión de este Comisionado es realizar unas propuestas. A partir de ahí, el camino es muy largo por juntas de distrito y el pleno del Ayuntamiento. Y, después, necesita una dotación presupuestaria para llevar a cabo las propuestas de creación de espacios o modificación de otros. Y es dudoso que puedan contar con los recursos económicos necesarios.

Escrito por: Javier Cervera





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