Sin ellas no hay periodismo (01/06/2017 por Pedro J. Rabadán)

Es cierto que a menudo encontramos crónicas, conexiones en directo, entrevistas, reportajes, noticias y todo tipo de información que se olvidan de ellas. Las dan de lado, como si se tratase de invitadas ocasionales a la fiesta que puedes dejar en la calle porque no vienen vestidas de etiqueta. Como mucho será entonces una fiesta de comunicación, pero en ningún caso puede ser fiesta periodística. Sin ellas, no.

Ellas no pueden tener contratos temporales, deben ser indefinidas. Si me apuran, no pueden descansar por vacaciones ni tomarse libre un fin de semana. Deben estar siempre, horas extra incluidas. Explotación sin remordimientos aunque siempre valoradas en su medida. Son imprescindibles. Hablo de dos elementos sin los cuales esta apasionante profesión no me habría robado el corazón: rigor y sensibilidad.

Porque quizás lo primero que hay que hacer es fijar qué espera uno del Periodismo. Para el que les escribe es una profesión de servicio, no un trampolín de éxito personal. El fin es ofrecer al ciudadano una información que sea de utilidad y de interés, que merezca ser conocida, por encima de audiencias, reconocimientos y egos. Sin esa concepción del ejercicio periodístico, nuestras dos “amigas” se diluyen.

Rigor, hechos, verdad. Sin ellos, no es posible trasladar al que desea ser informado de lo acontecido de la forma más fiel posible. No da lo mismo una cosa que otra. Mis alumnos de Periodismo Económico se han tatuado a fuego el lema “el dato es el rey”. En esta especialidad especialmente, pero extendido al resto de información se podría decir que “los hechos son sagrados”. Pero el rigor es exigente: obliga a investigar, a comparar, a documentarse y a buscar la mejor manera de contar las cosas como son, algo que habitualmente siempre es el camino difícil. Y ya que estamos con los lemas, no olviden la frase evangélica “la Verdad os hará libres”. Respetar la verdad de los hechos, en su integridad, siempre es un faro que nos ilumine a las oscuridades de la profesión.

Sensibilidad, como dice su nombre, es muy delicada. Hay quien cree que con el rigor es suficiente. Pero cuando va acompañada de sensibilidad, la comunicación adquiere su verdadera dimensión periodística. Porque nuestra labor es contar hechos y acontecimientos a personas, hombres y mujeres que sienten y padecen. No se trata de una masa de gente que nos ve a través de la pantalla, o nos escucha en el coche, nos lee mientras desayuna o nos echa un vistazo rápido en el móvil. Informamos a personas con sus problemas, alegrías y preocupaciones. Lo que les contamos no sólo informa, también general sentimientos. Sólo siendo consciente de ello entenderemos nuestra responsabilidad como informadores. Nuestra mercancía –la información- es sensible, hay que tratarla como tal. El dato es el rey, cierto, pero podemos caer en el error de confundir las cifras con las personas. Pensar en a quién nos dirigimos es imprescindible a la hora de afrontar la elaboración de una noticia.

Éste es un espacio para profundizar en este Periodismo con rigor y sensibilidad. Lugar de análisis, de debate, de investigación. Creado en el ámbito universitario, con la participación de profesores, investigadores, profesionales y alumnos. Todos sumamos. Es muy oportuno porque existe una degeneración de la profesión que ya provoca descrédito y que –reconozcámoslo- puede contaminar a los futuros periodistas si se les confunde con falsos objetivos.

Escrito por: Pedro J. Rabadán

Día 01 de junio de 2017

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