Reseña (Eva Mallo Barrio)

Nuestro siglo está caracterizado por un mundo globalizado y conectado gracias al mundo virtual e Internet. Aquello que estaba destinado a unir personas y transmitir la información a todos los rincones del mundo, ha terminado por ahogarnos en un mar de información inabarcable. Al estar expuestos ante corrientes de información excesivas y constantes, somos incapaces de profundizar y ser críticos con temas concretos. Tocando de forma superflua muchas cosas, pero sin ahondar en ninguna. Además, al estar acostumbrados a la inmediatez y la velocidad de las redes sociales y las nuevas tecnologías ya no somos capaces de disfrutar de lo lento, de aquello que requiera esfuerzo cognitivo e intelectual. Es momento de recuperar de nuevo el silencio y la quietud en la sociedad, para construir un entorno seguro para la pausa, y por ende para la reflexión profunda y crítica que son inherentes y necesarias para el hombre.
¿Cómo es que teniendo toda la información a nuestro alcance, cada vez somos menos capaces de discernir? Al fin y al cabo está en responsabilidad de los comunicadores transmitir informaciones veraces al espectador, pero también es responsable el ciudadano de alimentar su curiosidad y tener criterio, verificar. Uno de los problemas es que ahora cualquiera puede comunicar a través de las redes sociales, el ciudadano debe ser consciente de que no siempre se sabe quién está detrás de la pantalla, por ello ahora más que nunca, es muy importante adquirir consciencia de esta premisa y curiosidad para discernir qué información merece la pena y cuál no. Esta puede ser una gran oportunidad para los medios de comunicación tradicionales para posicionarse como los referentes de información de confianza principales. “Los medios y periodistas, pese a su perdida de influencia, siguen siendo los aliados más creíbles” (Hablemos del suicidio, Gabriel Ortiz: 2019). El ejemplo más cercano temporalmente ha sido la pandemia del COVID-19, la infoxicación ha estado más presente que nunca, los bulos han sido la segunda pandemia de este año. Hemos estado expuestos a una oleada incesante de fake news en momentos de especial debilidad. Según la encuesta del portal de datos YouGov, el 50% de los españoles confían en la información emitida por los medios sobre el COVID-19. Aún así, los españoles han seguido prefiriendo informase a través de medios tradicionales en vez de por Internet.
“La televisión destaca como el medio más utilizado a la hora de informarse sobre el virus, por delante de los medios digitales” ( Impacto de la pandemia de Covid-19 en el consumo de medios en España, Blasco, Ollé, Lavilla: 2020) y los más creíbles las televisión y la radio, aunque este último sea de los menos empleados junto con “internet, redes sociales y prensa en papel”( Impacto de la pandemia de Covid-19 en el consumo de medios en España, Blasco, Ollé, Lavilla: 2020).
En momentos críticos en los que más que nunca buscamos información verdadera, por qué de ello depende nuestra salud, hemos sido capaces de buscar la verdad. Aún así, no deberíamos llegar a situaciones extremas para que esta necesidad por indagar en la información surja. En resumen, creo que no solo estamos ante un momento idóneo para reposiciones a los medios como líderes de agenda y mejorar en la forma de hacer periodismo, sino que es completamente necesario.
Durante las Jornadas de Comunicación y Hombre, me llamó especialmente la atención la intervención de la productora de cine Mariola Besiuvesky. La intoxicación está afectando también al sector cinematográfico y no sólo al ecosistema digital. Vemos películas con otra pantalla en la mano, distrayendo a cada rato la mirada de la película. Quizá ahora el éxito de un largometraje resida en su capacidad para mantenernos durante al menos dos horas atentos de la película. Aunque ella concluía en que todavía la inmediatez de las RRSS y los smartphones, no han intoxicado del todo el cine, está en proceso. No sólo ocurre con el cine, nos pasa conduciendo,
estando con amigos, comiendo en familia, conduciendo… La infoxicación y las redes nos están alejando del presente y desapegándonos de la realidad.

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